POR JOSÉ ÁNGEL PARRA
¿NO ES NEGOCIO?
Desde que tengo uso de razón los afamados dueños del balón suelen alegar que el futbol no es negocio, que navegan entre números rojos y que su extraño apego al deporte de las patadas obedece estrictamente a asuntos de amor al arte y a un angelical altruismo. Ni más ni menos. El falaz argumento de los hombres de pantalón largo toma, sin embargo, cierta lógica cuando revisamos la suma de dinero que Grupo Ollamani tiene que desembolsar a la FIFA para que los propietarios de palcos y plateas del otrora Estadio Azteca puedan hacer empleo de los mismos durante la Copa Mundial 2026: ¡Mil millones de pesos!
Si después de haber invertido una fortuna por la remodelación del Coloso de Santa Úrsula todavía tienes que cubrir una lanísima para hacer valer el contrato de propiedad con vigencia de 99 años que contrajiste a partir de 1966 con los palcohabientes, resulta incongruente que ahora tengas que aportar más plata para un negocio que ya no parece ser tan jugoso como se pensaba y que más bien refleja un error de cálculo no haber atendido todos los detalles antes de aventurarte a cumplir con el truculento cuadernillo de cargos que suelen imponer los fifos.
La rebanadota al pastel duele aún más cuando, recalculando, te das cuenta que sólo tendrás cinco partidos en el ahora Estadio Banorte y que además deberás agregarle parquímetros al estacionamiento del inmueble para sacar recursos de donde sea. Claro, muchos dirán que este imprevisto apenas es como quitarle un pelo a un gato, mas en el mundo de las excentricidades las pérdidas duelen más por una cuestión de orgullo, máxime si has tenido que hacer circo, maroma y teatro para aterrizar un histórico tercer Mundial en el mítico campo. ¿Lo vale? Eso lo decretará el tiempo y el peso mismo del Coloso, como el escenario con más partidos disputados, además de los tres certámenes celebrados. Luego, la improvisación de armar todo de última hora, a la que no se salva el estadio, la ensucian más las obras que repentinamente enloquecieron a la CDMX de parte de los gobiernos federal y local, todas al mismo tiempo, por si algo le faltaba a la fiesta del alarido.




