lunes, junio 1, 2026

HABLILLAS

POR JOSÉ ÁNGEL PARRA

DESTIEMPO

A unos cuantos días de que comience la Copa del Mundo de la FIFA 2026, la CDMX se encuentra literalmente “patas pa’arriba” y las reparaciones surgen por doquier. Muchas instalaciones del metro parecen siniestradas, como la estación Hidalgo, con escalinatas ocupadas por andamios, donde los trabajadores operan a marchas forzadas, mientras los usuarios se aglomeran entre empujones e intolerancia. Los candelabros dorados de a poco iluminan los andenes, exclusivamente en ambos sentidos de la Línea 2, justo para anticipar su terminado, lo que ha poblado de chanzas y memes a las redes sociales.

Otras estaciones, principalmente los fines de semana, son cerradas con tal de acelerar las tareas, sin que los camiones RTP sean suficientes para satisfacer la demanda del transporte público en horas pico. El caos se multiplica en los alrededores de San Antonio Abad y Chabacano, donde lentamente se le da forma a la Calzada Flotante, aún muy lejos de parecerse al paradisiaco proyecto creado por la IA. Lo mismo sucede en el Estadio Azteca debido a que el acabado luce como una mala broma frente a los utópicos diseños que vendieron sus ilustres proyectistas. Eso sin mencionar las consabidas quejas de los palcohabientes.

En la Línea 3, la estación Universidad, la más próxima al Coloso de Santa Úrsula, también se halla bajo un pausado proceso, lo que preocupa dado que los pasajeros suben y bajan por los mismos limitados accesos, ante los cierres que sufre por la metamorfosis del lugar. Es obvio que tanto ajuste ha perjudicado la movilidad de la ciudad, afectada por tumultos que demoran el traslado de la gente. Hasta el Metrobús, en Perisur, ha cerrado un par de semanas por remodelaciones.

A todo eso hay que añadir las innumerables marchas y bloqueos que por distintas razones ahogan a la capital. Los integrantes de la CNTE son los más constantes en esas lides, entre amenazas de boicotear el torneo. En su momento se dijo: el país no está apto para albergar un Mundial, así demoren su celebración, con el auxilio de taladros, para dentro de cuatro años más.

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