POR JOSÉ ÁNGEL PARRA
INCOMPARABLE
Han pasado justo 40 años de la inolvidable Copa del Mundo México 1986 y aunque el balón aún no comienza a rodar, no hay modo de comparar el ambiente festivo de aquellos años con la amargura y disolución que sufrimos en la actualidad. En dichos ayeres la fiesta fue en todo el país. Además del Estadio Azteca, la CDMX tuvo partidos en el Olímpico Universitario, así como en otros escenarios cercanos, léase el Neza 86, la Bombonera de Toluca, el Cuauhtémoc de Puebla y La Corregidora de Querétaro.
La diversión se respiraba igualmente en el Jalisco de Guadalajara y en el Tres de Marzo, en Zapopan, sin olvidar el Tecnológico de Monterrey o el Universitario, en San Nicolás de los Garza. Completaron la cobertura otros inmuebles: en Guanajuato, el Nou Camp (León) y el Sergio León Chávez (Irapuato). Doce canchas a elegir.
El Mundial se jugó en su totalidad en territorio nacional, sin compartir créditos (o descréditos) con otros países (Estados Unidos y Canadá). Y aunque un año antes habíamos padecido el devastador terremoto de 1985, el mundo pudo disfrutar principalmente de la hospitalidad del pueblo mexicano. Una festividad que inmortalizaron leyendas de la talla de Diego Armando Maradona, Gary Lineker, Emilio Butragueño, Careca, Rudi Völler y Hugo Sánchez, por citar algunos, sin olvidar a Manuel Negrete por su increíble golazo ante Bulgaria en el Coloso de Santa Úrsula.
Hoy vivimos un presente poco halagüeño: remodelaciones a destiempo a lo largo y ancho de la ciudad, que han generado descontento entre la población, al ver afectadas sus rutas y traslados. Sin dejar de mencionar las innumerables manifestaciones, plantones y bloqueos que enloquecen a diario a los capitalinos. Pintas con leyendas de desaprobación en obras recién estrenadas, amenazas de boicot, destrucción de muñecos alusivos al evento, fan fest blindado en el Zócalo por personal antidesmanes y convocatorias a megamarchas para ahogar aún más a la CDMX en el día de la inauguración. El ambiente no es propicio para una fiesta. Ojalá las cosas cambien antes de que empiecen a caer más goles.




